Nydia Quimey Cisterna comenzó a jugar al rugby en San Pedro de Jujuy en 2012, cuando la presencia femenina todavía era reducida y no existían equipos consolidados para mujeres en la provincia. Sus primeros pasos fueron en San José, el club de su ciudad natal, donde las jugadoras compartían los entrenamientos y partidos con los varones. Con el crecimiento de la actividad, comenzó a formarse el primer equipo femenino de la provincia y el rugby femenino jujeño inició un proceso de expansión que con el tiempo sumó nuevas jugadoras y competencias. Más de una década después, su recorrido no quedó limitado al rol de jugadora: también decidió incorporarse al referato para encontrar una nueva manera de permanecer dentro de una disciplina que ocupa un lugar central en su vida deportiva.
La decisión de convertirse en árbitra estuvo relacionada con la necesidad de proyectar su futuro dentro del rugby. Consciente de que la exigencia física puede limitar con el paso de los años la continuidad como jugadora, encontró en el arbitraje una alternativa para seguir vinculada a las canchas y aportar al desarrollo del deporte.
Su llegada al referato también significó ingresar en un ámbito históricamente asociado a los hombres. Como primera árbitra de rugby de Jujuy, debió afrontar los cuestionamientos y la presión que todavía pueden aparecer cuando una mujer dirige encuentros masculinos. Sin embargo, su experiencia refleja el avance de la participación femenina en una disciplina de contacto que durante años tuvo una presencia mayoritariamente masculina, tanto dentro de la cancha como en otros roles vinculados al deporte.
Además del aspecto competitivo, su trayectoria pone en valor uno de los principios centrales del rugby: el respeto hacia quienes forman parte del juego. La relación entre jugadores, entrenadores y árbitros se construye desde las primeras etapas de formación y constituye uno de los pilares de la disciplina.

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